Amparo Blay

Comité Ejecutivo Cultura e Historia.

España sufre un Sistema tan corrupto, en estos momentos, que ya permite robar si le das la vuelta a la propia Ley, triquiñuelas que diría el gran Groucho, pero reales como la vida misma.

Años y años de gobiernos campando por sus fueros en una alternancia podrida y vuelta a empezar. Mientras nosotros como ciudadanos permitimos e ignoramos para no tener cargo de conciencia, o lo que es peor da mucha fatiga denunciar y pelear, que lo hagan otros y al final la casa sin barrer.

Así que unos por acción y otros por omisión los corruptos se instalan y roban a manos llenas con la impunidad del que sabe que no lo van a pillar y que si lo hacen la pena será de risa y a otra cosa mariposa.

Con los años y mucha paciencia estas acciones encaminadas a saquear al pueblo llano, son juzgadas salvo que algún juez haya puesto palos en las ruedas, alargando la investigación hasta que prescribe dando carpetazo al asunto.

Otras veces, echan tanta tierra, marean tanto la perdiz, que ya es imposible encontrar a los culpables o estos han fallecido y nadie pagará por ello.

Desde la Transición hemos asistido atónitos a una malversación de dinero público continua y jaleada primero por unos y luego por los siguientes, sin que nadie pusiera el grito en el cielo.

Aquello a ciertos partidos les funcionó durante cuarenta años, pero hoy en día han aprendido, maestros de lo ajeno, son auténticos profesionales, no hay más que verlo con las subvenciones que se conceden a destajo, amiguismos, rescates a empresas muy turbias y comisiones astronómicas que recaen en los bolsillos abiertos de quienes dicen gobernar.

Por no hablar de ciertas maletas que aparecen de noche cuyo contenido desconocemos y que igualmente desaparecen en esa oscuridad que todo lo engulle.

Detallar aquí los gravísimos casos de corrupción que hemos padecido desde la Democracia nos llevaría a llenar páginas y páginas y no acabaríamos nunca. Señalar a los culpables una pérdida de tiempo porque se ríen de nosotros.

Hubo épocas en que el robo estaba centralizado más o menos, había miedo y sólo los muy allegados sustraían objetos de arte o aceptaban regalos de dudosa procedencia, pero con la llegada del comunismo y el socialismo se abrió la veda, el dinero público corrió como la pólvora y regó voluntades, llenando de favores y dádivas a propios y extraños. Parecía la fiebre del oro, todos podían aumentar su fortuna personal y los sobres corrían de mano en mano hasta que alguien puso coto a tanto desmán y el gobierno saltó por los aires adelantando elecciones.

Durante unos años pensamos ingenuamente que los siguientes se comportarían de forma honrada y de nuevo nos equivocamos, la corrupción cambiaba de perro, pero no de collar y estábamos otra vez en la casilla de salida.

Quizás ése fue el punto de inflexión, la decisión irracional de levantar los hombros y rezar para que no robaran más que los otros. Tiramos la toalla como sociedad y aceptamos lo menos malo, craso error que seguimos pagando muy caro hoy en día.

Porque un pueblo que traga es cómplice y parte necesaria del latrocinio a mano armada. Actores figurantes de la gran tragicomedia en la que se ha convertido la Nación Española, miles de personas en las colas del hambre y cientos de personajes llevándose millones y millones de nuestros impuestos.

¿Podemos esperar que las FUTURAS GENERACIONES exijan honestidad y tolerancia cero ante la corrupción? No, desafortunada y rotundamente no, ni siquiera pelean por tener un trabajo digno, no todos, pero sí la gran mayoría, generaciones perdidas entre efluvios de drogas sintéticas, alcohol y nulo sentido de responsabilidad.

Duro futuro sin esperanza de solución, incertidumbres demasiado insalvables, tristeza y rabia a partes iguales y un deseo, que esto sea una pesadilla y podamos despertar pronto, mientras tanto vivan y luchen, no nos queda otra.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Es el moment de “LO NOSTRE”, canviem per un futur VALENCIÀ 

 
 
 
 
 
 

LONOSTRECV

Scriptural Texts in Politics Combined with a Handful.

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