Amparo Blay

Comité Ejecutivo Cultura e Historia.

Gente durmiendo en la calle, familias de clase media en las colas del hambre, grandes discapacitados con pensiones ridículas, desahucios, miseria, hambre, no no estoy hablando de África ni de la India, me refiero a España ese país quebrado, a la deriva, con las fronteras abiertas como una barragana esperando.

Las dos realidades, que encabronan y soliviantan a un pueblo que ya no puede más, hastiado, reventado a impuestos para que los que gobiernan se vayan de mariscadas, o se suban al Falcon, da igual.

En estos días la polémica está servida, nos hemos convertido en la guardería de un país, Marruecos, cuyo rey es multimillonario, acogemos a sus niños, o más bien “secuestramos” porque sus padres andan locos buscándolos.

Y miramos asombrados a la infancia nuestra, a la española, niños que no meriendan porque no hay nada que comer, que solo tienen unos zapatos, porque papá y mamá se han quedado los dos en el paro y no entra dinero en casa.

Niños que cuando crezcan nos mirarán con rabia, pensando lo necios que fuimos, destruyéndoles la infancia mientras construíamos la de otros niños que no eran nuestros. ¿Qué vamos a decirles? Callaremos bajando con vergüenza la mirada, sabiendo que fuimos cobardes.

Con un gobierno vendido a un globalismo que se extiende cual mancha de aceite impregnando todo, con un olor a podrido, unos medios prostituidos y una sociedad infantil que teme salir a la calle por si los innumerables monstruos sueltos le atacan, el aire se ha vuelto irrespirable, nuestra cabeza a punto de estallar de tanta mala información a destajo.

Ya vemos zombis, caminan sin rumbo porque no hay refugio al que acudir, se tiran en la calle cuando oscurece a esperar una mañana totalmente igual al de ayer, no hay esperanza en sus ojos pero sí una historia, que debe ser contada.

Y nosotros los lúcidos, aquellos que hemos resistido a los mantras absurdos, pero tan necesarios para el engaño colectivo, acudimos en su ayuda para ser su voz, para gritar que esto así no funciona, que hay españoles rotos y desesperados alargando la mano con esa mirada de auxilio que parte el alma.

Si, ellos también necesitan abrazos de Cruz Roja o de quien sea, que a esas alturas lo mismo da. Porque son nuestros náufragos perdidos en un asfalto duro, demasiado, al que se aferran con las dos manos porque hay que seguir respirando y el cuerpo pide guerra.

Pero no los vemos o no queremos verlos, nos molestan, muchas veces ni votan porque no están empadronados y por tanto a los que mandan les importa muy poco si viven o mueren. Ése es su drama ser prescindibles, ningún chiringuito se creará “ex profeso” para colocar al amiguete del político de turno, en realidad, son los parias de la tierra, juguetes rotos que vagan sin rumbo.

En cambio, hay ciudadanos marroquíes que llegan después de nadar cincuenta metros y el mundo se paraliza, los buenos acogedores se rasgan las vestiduras y debemos poner todos nuestros recursos a su alcance, porque sí, hay que hacerse la foto y muchas organizaciones reciben subvenciones.

¿Te parece duro lo que cuento? Pues me niego a tragar con la hipocresía reinante, no me daré golpes en el pecho ante una inmigración que no huye de nada, al contrario, son utilizados como carne de cañón por sus propias autoridades.

La humanidad anda también desquiciada, no sabe a qué atenerse ¿tuyos, míos, de quién? Necesitamos recuperar el norte, volver a la normalidad, cuidar a los nuestros y ayudar a quien lo necesite pero chantajes los justos.

Basta ya de ser bueno y de tragar con ruedas de molino, cada palo que aguante su vela que la nuestra ya es bien pesada, España se va por el sumidero y nosotros seguimos haciendo brindis al sol, maduremos o nuestros hijos vivirán en un desierto con camellos y babuchas.

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Es el moment de “LO NOSTRE”, canviem per un futur VALENCIÀ 

 
 
 
 
 
 

LONOSTRECV

Scriptural Texts in Politics Combined with a Handful.

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